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Aunque siempre había querido visitar Australia, conocer Sydney no me llamaba tanto la atención, con sus altos edificios y el típico centro bullicioso de ciudad cosmopolita. Tal vez sea porque soy de provincia y me desespera el tráfico, y los tumultos de gente impaciente y mal educada que te empuja al pasar me producen claustrofobia y ansiedad, o tal vez sea simplemente mi gusto particular por los lugares chicos que me permiten un mayor contacto con la naturaleza. Tal vez sea una extraña mezcla de diversas razones, pero el caso es que vivir en Bondi Beach durante casi un mes me resultó ideal.

North Bondi


Bondi Beach es una playa reconocida categóricamente por ser la meca de los surfistas en Sydney y uno de los suburbios con real estate más caro de la ciudad. En pocas palabras, es un lugar bien popof. Aunque en realidad hay playas mucho más bonitas y mejores olas en los alrededores. De cualquier manera Bondi es, en definitiva, uno de los mejores lugares para vivir en Sydney, o al menos lo es para mí.

Bondi-Bronte coastal walk
Bondi-Bronte coastal walk

La verdad es que mi estancia en Bondi fue un mes de reencuentros y nuevas experiencias. Evidentemente (o tal vez no tan evidente para algunos de los que me leen), el primer reencuentro fue con Ne, que junto con Benjamin me abrieron las puertas de su hogar y me brindaron un espacio en su vida durante un mes. Es bien padre cuando te das cuenta que no importa cuántos años pasen o cuánto hayan crecido y cambiado, las verdaderas amigas son para toda la vida. Y es aquí donde aparece mi segundo reencuentro, con la lectura. No es que hubiera dejado de leer durante algún tiempo, porque honestamente es uno de mis más grandes placeres y no lo abandono. Pero leer fue algo que siempre compartí con Nerea y, durante este tiempo juntas me reconecté con este hábito de manera distinta, más profunda incluso. Además, gracias a ella también descubrí los audiolibros y ahora me considero fan.

Con mi Neri Bobeni un sábado en el mercado de Bondi
Con mi Neri Bobeni un sábado en el mercado de Bondi

Al principio era bien raro hablar inglés todo el tiempo, sobretodo con otra mexicana, con mi amiga de la infancia, pero después se empezó a sentir natural, y quien me conoce sabe que terminé volviéndome más pocha que de costumbre. Compartir libros con Ne y el mutuo interés por una alimentación sana, la meditación y tener esas pláticas sobre la vida que nunca acaban, y disfrutar con Benjamin un buen vino, o 12 por si las flais, se convirtieron en mi día a día, y lo disfruté a tope.

Vivir en Bondi fue reencontrarme también, con mi pasado, con mi presente, con mi futuro. Relajarme y salir a un día de playa, sol, arena, mi libro y el mar. Fue ir con Neri a ver a los monjes Gyuto en Bondi Pavilion y vibrar con su energía, ir a Govinda’s y experimentar en carne propia los beneficios de la meditación a través del chanting y la repetición de mantras. Descubrir que casi sin esfuerzo, cambiando mi alimentación y haciendo un poco de ejercicio, perdí un par de kilitos, cashi shin querer. Sentirme en paz y armonía conmigo misma fue imprescindible.

Fan de los audiolibros (Opera House)
Fan de los audiolibros (Opera House)

Y que el día que me sentí atrevida y dispuesta a la aventura, perdí el equilibrio y sufrí un accidente, que no fue grave pero sí doloroso. Pero entonces aprendí que de mí depende cómo ver la vida; decidí que eso no arruinaría mis viajes y mis metas, aunque tuve que adaptar algunos detalles, y que de toda experiencia se puede obtener una lección. Tal vez suene tonto o muy rebuscado, pero yo creo firmemente que aunque fue un “accidente”, la culpa no fue del mar, sino mía. Fui yo la que no estaba poniendo atención al 100 en lo que debía, y me confié, perdí el equilibrio. No sé a ustedes, pero a mí ese simple momento me enseñó mucho. Y luego también fui un poco necia y decidí nadar hasta la playa aún después de mi pequeño incidente, ya que ése había sido nuestro plan inicial, y está bien supongo, no haberme dado por vencida. Pero no consideré que nadar con una herida que está sangrando bastante en plena zona de tiburones no era nada prudente.

Día de snorkel en Manly

Por otro lado, conocí personas padrísimas: Mati con quien salimos de fiesta a echar un poco de música latina y nos aguantó el shopping en el Paddington Market. Mayte, con quien tengo muchos amigos en común pero no la había topado hasta ahora, quien me acogió y me unió a sus planes para turistear en mis últimos días en Sydney y a quien le debo grandes tips y mis nuevos productos para cuidar mis chinos necios. Isa y Martina, dos pequeñas escuinclas que me conquistaron y con quienes me divertí muchísimo. Marina mandarina, famosa desde antes de conocerla, legendaria, quien me inspiró a continuar mi aprendizaje en el buceo (para checar su canal de YouTube haz clic aquí). Y Xime y Elvira, que no importa lo breve que fue la convivencia, en definitiva marcaron una diferencia.

Canguros y hike a la playa
Canguros y hike a la playa

En fin, experiencias enriquecedoras, momentos de alegría y de emoción, un poco de fiesta, muchos smoothies y café, peanut butter como la base de mis desayunos, momentos de relax, mucho vino tinto, aprendizaje en todos los sentidos, pero sobretodo mucho amor. ¡Gracias infinitas Ne!

Mi patas de avestruz 💜
Mi patas de avestruz 💜

“Uno cree que va a hacer un viaje, pero enseguida es el viaje el que lo hace a él” – Nicolás Bouvier

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